Ser hombre hoy

“Nosotros estamos en una especie de jaula de masculinidad competitiva, violenta, dominadora. Y si te sales de ahí eres penalizado socialmente. Hay una especie de policía del género que nos controla y nos llama blandengues, calzonazos o maricas si lo hacemos”. Esto decía el escritor y jurista Octavio Salazar hace poco más de un mes en una entrevista en Eldiario.es. Y ésta es la visión de muchos hombres que no se ajustan a un modelo de masculinidad marcado por un concepto de la virilidad como fuerza, valentía, entereza, agresividad, etcétera. Esta virilidad que Chuck Palahniuk satirizó en “El club de la lucha”y que sirve de preámbulo para repasar libros sobre las nuevas masculunidades en un artículo que puede leerse aquí.

hombre perdido

Si una de las cuestiones del siglo XX fue preguntarse qué es ser mujer, la pregunta por el ser del hombre parece que va a ser crucial en nuestro siglo. Más allá del debate sobre el origen biológico o cultural de las identidades y los roles de género el hombre del siglo XXI parece perdido. En consulta es frecuente que atendamos a hombres que no soportan la pérdida, la impotencia, la limitación. Bien sea por la pérdida del empleo, por el cambio de vida que supone enfermedades como el infarto, por el dolor causado por años de trabajo duro, por la jubilación, la disfunción eréctil, o por las exigencias de una sociedad más igualitaria, los hombres llegan a los terapeutas como el negativo del arquetipo de lo viril. Portan la queja de la impotencia, sienten que no llegan al estatuto de hombre, a ese modelo fantasmagórico que, aunque es puro semblante les conmina como imperativo. La vida del hombre se vuelve la del actor que no puede bajar de su papel de forzudo, de protector y de arrojado. Los hombres lloran en nuestras consultas pero en sus casas se irritan, se callan, alzan la voz, discuten… más allá de la queja lo que subyace es la demanda de no poder soportar la impotencia, de no saber jugar en un tablero donde la masculinidad tiene más que una sola cara. Piensan que sólo hay una forma de ser hombre, que quienes viven de otra forma la masculinidad no son, en realidad, hombres. Sin embargo parece que los tiempos van a ir quitándoles la razón. La movilización feminista del pasado 8 de marzo parece haber sido un punto de inflexión que conmina a hombres y a mujeres a revisar los papeles que socialmente jugamos. Un primer paso, para muchos hombres, y también muchas mujeres, sería entender que todo se trata de eso, de papeles que interpretamos, que en ningún sitio está escrito que haya una sola forma de interpretar el papel de ser hombre.

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