De genes, gallinas y Martin Heidegger

A lo largo de los siglos no hemos hecho otra cosa que pregunarnos por el qué somos. Los griegos vieron en la mortalidad lo que nos separaba de los dioses. Nosotros, a diferencia de ellos, éramos mortales. Aquello que nos distinguiría de los animales residiría en el alma racional: los humanos podemos razonar y los animales no. El cristianismo nos concibió como seres creados a semejanza de Dios, nombrándonos dueños de la Tierra y, por supuesto, de los animales. De hecho Dios creó primero al hombre y luego a los animales y a las plantas. Las diferencias con los animales, como decíamos en un post anterior, se fueron borrando con Darwin y sus herederos. Y, como también decíamos, sigue costándonos asumir sus consecuencias.

Una de las razones por las que no asumimos nuestra animalidad es precisamente que tendríamos que bajarnos del pedestal en el que nos puso el cristianismo: no somos los vicarios de Dios en el mundo y, lo que es tal vez más importante, no hemos sido creados, al menos ex professo, somos una casualidad evolutiva. Pero hay más, pues en términos de evolución no somos seres superiores al resto: hablar de superioridad e inferioridad desde este punto de vista, es absurdo, lo que cuenta son otras cuestiones como la supervivencia, la descendencia, la adaptación al medio. Con todo este relato, cuando menos, cuestionado, queda otra razón que puede resultar indigesta: la falta de una teleología, de un sentido último. Decimos que somos una casualidad, no somos el punto y final de la evolución, somos poco más que un suspiro en la vida de la Tierra, mucho menos que eso en la vida del universo. El filósofo de la ciencia Carlos Castrodeza afirmaba que “la razón de ser de todo ser vivo es permanecer, pero esa permanencia no tiene objeto. Se trata de permanecer por permanecer”. Permanecer por permanecer es arrancar el sentido trascendental a la consideración de nuestra existencia, incluso arrancar todo sentido. Estamos por estar, y no más que eso.

LaCreaciónDeAdan_Miguel_Angel

Puestos a reduccionistas genéticos, acordémonos de la frase que recoge Ambrosio García Leal en su libro “La conjura de los machos”: “una gallina no es más que la manera que tiene un huevo de producir otro huevo”. Pero, como añade el autor, “es igualmente cierto que un huevo no es más que la manera que tiene una gallina de producir otra gallina”. Da igual que seamos el mecanismo de nuestros genes egoístas para dejar otra generación de genes o que utilicemos los gametos para producir a otro ser humano, ese momento en el que somos, que es nuestra vida, es lo que importa. Y de eso es de lo que habló el filósofo alemán Martin Heidegger.

He hecho toda esta introducción para llegar aquí. Quería escribir unas notas sobre Heidegger pero este recorrido me ha parecido más interesante, al menos para situar el marco desde el que quiero hablar. Hemos dicho que lo importante es ese lapso entre que un óvulo y un espermatozoide se juntan para formar un cigoto y la muerte. En ese ínterin, ese suspiro en tiempos cósmicos, somos. Somos “ser”, formamos parte del ser. Y el único ente que presenta el problema del ser, es decir, que se pregunta por el ser, y que, además, puede dar cuenta del ser es el ser humano, término que Heidegger cambió por el de Dasein, literalmente “el ser ahí”, pero que alude a la existencia. Por ese motivo, para hablar del ser, Heidegger estudió al ser que, como decimos, puede dar cuenta del ser. A nosotros. Lo hizo  en un proyecto que pretendía ir más allá pero que quedó interrumpido. Este proyecto es “Ser y tiempo”, que escribió en 1927 y que es, para muchos, el libro de filosofía más importante del siglo XX.  Lo que hará Heidegger en esta obra es un análisis del Dasein que llama análisis existenciario, partiendo inicialmente de la cotidianidad o término medio, como una especie de media entre las posibilidades de ser, pues no hay un solo modo de ser del hombre, sino que el hombre, el Dasein, es, sobre todo, posibilidades de ser. Por ahora lo dejamos aquí, continuaremos estas notas sobre Heidegger y su relación con biología, la psicología, la psiquiatría, el psicoanálisis, etc.) en próximos posts.

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Bibliografía:

  1. Vattimo, Gianni. Introducción a Heidegger. Barcelona: Gedisa; 2006.
  2. Castrodeza, Carlos. La darwinización del mundo. Barcelona: Herder; 2009.
  3. García Lea, Ambrosio. La conjura de los machos. Barcelona: Tusquets; 2005.
  4. Alemán, Jorge; Larriera, Sergio. Exsistencia y sujeto. Málaga: Miguel Gómez Ediciones; 2006.

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