A la intemperie de nosotros mismos

“Gente esperando en los bancos
de todas las plazas,
gente que muere en el borde
de cada palabra,
gente que cuenta las horas,
gente que siente que sobra,
gente que busca a otra gente
en la misma ciudad,
pero que sola está”

Pedro Guerra.

El año pasado se estrenó el documental “La teoría sueca del amor”, dirigido por Erik Gandini, que ponía patas arriba la cuasi perfecta sociedad sueca. Gandini levanta las alfombras de un país admirado por su calidad de vida para mostrar sus fantasmas: soledad, aislamiento, aburrimiento. El documental saca a relucir datos asombrosos: la mitad de los suecos vive solo, uno de cada cuatro muere en soledad y nadie reclama su cuerpo, muchas suecas se autoinseminan en casa con esperma que reciben por correo, llega a tal extremo el individualismo que hay quienes buscan contacto humano en una especie de comuna campestre que tiene de todo menos naturalidad.

Merece la pena ver el documental y pensar sobre él y si es hacia ese modelo hacia el que vamos. En esta línea Julio Llamazares publicaba este sábado una columna en “El País” en la que alertaba sobre el vacío al que nos está llevando la modernidad, dice así:

“Creemos que despreciando nuestro pasado campesino nos desprendemos de él cuando la realidad es que nos volvemos más pobres, más indefensos ante la naturaleza, más vulnerables a esa intemperie de la que huimos como de la peste apiñándonos en unas ciudades que cada vez se parecen más a aquel fuerte de frontera desde el que contemplaba con miedo el desierto de los tártaros el protagonista de la novela de Dino Buzzati”.

la teoria sueca del amor

Estamos en un camino hacia el individualismo que es en realidad una carrera suicida hacia el ensimismamiento y la soledad. Somos seres sociales, nos guste o no, animales políticos, cívicos, zoon politikon, como nos defininió Aristóteles, pueden molestarnos los demás, incomodarnos a veces, pero seguimos siendo sociables, Kant se refirió a esta paradoja como la insociable sociabilidad. Eso somos.

Al final de “La teoría sueca del amor” aparece el sociólogo Zygmunt Bauman haciendo un acertado análisis de lo que le está pasando a los suecos, y lo que nos está ocurriendo también a nosotros: por un lado la felicidad no es lo que creemos (“No es verdad que la felicidad signifique una vida libre de problemas. Una vida feliz implica tener que superar los problemas (…) Hacer frente a los retos, lo intentas y te esfuerzas. Y entonces llegas al momento de felicidad cuando ves que has podido controlar los retos del destino. Y es justamente esto: la felicidad de haber superado las dificultades (…) lo que se pierde cuando crecen las comodidades”, dice Bauman) y, por otro, estamos perdiendo habilidades sociales, habilidades humanas, haciéndonos cada vez más independientes nos desplazamos no hacia la felicidad sino al vacío, “al final de la independencia no está la felicidad, está el vacío de la vida, la insignificancia de la vida y un aburrimiento absolutamente inimaginable”, sentencia.

bauman
El sociólogo polaco Zygmunt Bauman

Y de esto nos estamos dando cuenta los terapeutas. Cada vez vemos a personas más solas, más insatisfechas, que a pesar de tener cubiertas, y de sobra, todas las necesidades materiales viven en una auténtica miseria espiritual, y muchas veces también moral, apenas saben qué hacer para hablar con los demás, hacer amigos, entretenerse. Como ha señalado Ángel Gabilondo “estamos más solos de lo que deseamos reconocer. Solitarios conectados, con mucha información y poca comunicación”.  Estas personas de las que hablo se han encontrado de repente con el vacío, con el agujero de la vida, que ningún objeto puede colmar. Y no se lo ha explicado nadie, ellos mismos se han dado de bruces con esa realidad. El motor de nuestra vida es el deseo: deseamos lo que nos falta y eso nos impulsa, nos evita quedarnos congelados en un punto de nuestra vida. El deseo es apertura a la vida, a los demás. A nuestras consultas llega gente que ha dejado de desear, que están aburridas, tristes, que se sienten vacías, que no encuentran algo que les motive; si lo tengo todo, dicen, ¿cómo me puede estar pasando esto? Precisamente por eso, por que la espiral del tener no conduce a la felicidad, sino al vacío, a la insignificancia de la vida de la que advertía Bauman.

soledad

Creo que no vamos bien, que la teoría sueca del amor se está universalizando, al menos en Occidente, o en el Occidente que son las ciudades. Hay otras realidades, otras formas de entender la vida. Sufrimos cuando se nos agota el relato que nos contamos para sobrevivir, y cuando emerge el aburrimiento, la soledad esencial, la falta en ser, la angustia o lo real, hacemos lo que podemos, que puede ser rellenar de objetos ese cráter, aislarnos en las redes sociales, buscar en las drogas o en las pastillas algún calmante. Pero hay otras formas de lidiar con lo real que hay en nosotros y están más en los demás que en soluciones cosméticas y profundamente individualistas como la autoayuda, el wellness o la psicología positiva. Se trata de vivir con eso que somos, no huir hacia lo que nunca seremos.

 

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