Todos cansados

Cada época tiene unos cuantos rasgos que permiten captar algo de su esencia, y la nuestra ha sido definida por el filósofo alemán de origen coreano Byung-Chul Han como la sociedad del cansancio [1]Aquí pueden leer una entrevista que le realizaron en 2015. Han ha señalado otras características de nuestra sociedad como la transparencia y la agonía del eros que lo han erigido como un crítico privilegiado de la contemporaneidad. Pero vamos a hablar de la sociedad del cansancio.

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El filósofo Byung-Chul Han

 

Si nos fijamos a nuestro alrededor, y en nuestro interior, el cansancio es el sintagma de nuestro día a día. En su libro Han sitúa al ser humano como el sujeto del rendimiento y cifra en la depresión, en el trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH), en el síndrome de burnout y en el trastorno límite de la personalidad las consecuencias psíquicas de la auto-explotación y el exceso de la positividad, que serían las causas de la epidemia de cansancio de nuestra época. Trabajadores estresados, agotados, padres desbordados. Y como constantes la falta de tiempo y la imposibilidad de cumplir todos los requerimientos que la vida (actual) exige, la vida que tiene por meta el éxito: el trabajo, los objetivos, la casa, la smart TV, el smartphone, el cuidado del cuerpo y de la mente, las actividades extraescolares de los hijos… La sociedad del éxito ofrece poder presumir al precio de la ansiedad y el agotamiento.

Lo que quiero señalar aquí son los dos culpables que Han apunta como responsables de nuestro cansancio: la auto-explotación y el exceso de positividad. Ya no hace falta, denuncia, que nadie nos explote, que nadie nos controle, no se necesita el panóptico del que habló Foucault (aquí puede leerse sobre esto), nadie nos tiene que exigir, para eso estamos nosotros mismos, hemos conseguido unir en nuestro interior al amo y al esclavo, nos exigimos tanto que nunca vamos a llegar a la meta, nunca vamos a dar la talla y esto, claro está, nos genera malestar en forma de ansiedad, de insomnio, de tristeza o de irritabilidad.

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Y el segundo jinete del apocalipsis de esta sociedad del cansancio es la excesiva positividad: estamos en la época donde la realidad es una foto (trucada) de Instagram en la que no se puede dejar de ser feliz o, mejor dicho, dejar de aparentar ser feliz y, quien no lo es, es por que no quiere serlo, pues todos tenemos las herramientas para ser quien queramos, para serlo todo y, si no lo sabemos, para eso están los manuales de autoayuda.

Autoexplotación en forma de autoexigencia e imperativo de ser siempre positivo tiene un coste personal, los terapeutas lo sabemos, lo vemos a diario en nuestras consultas.

[1] Han, Byung-Chul (2012). La sociedad del cansancio, Herder.

 

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